Creo que no pasa una sola jornada sin que sea “el día de algo”. Cada mañana oigo en la radio o en la tele que es el día de algún colectivo: ancianos, niños, madres, padres, enfermos de no sé qué, mujeres, inmigrantes, etc. Nunca me he sentido identificada con ninguno de los días, más que nada porque me parecen un poco tontería. ¿Es que acaso hay que hacer algo especial en el día que te toque? Porque yo en el Día de la mujer trabajadora me siento igual de mujer e igual de trabajadora que el resto. El Día de la madre y el Día del padre pasan sin pena ni gloria por mi casa. Hay tantos padres y madres, tantas mujeres trabajadores, tantos inmigrantes, niños, enfermos… qué más da si hay un día o no.
Pero ayer me enteré de que el 21 de julio es el Día del ciberamigo. Suena absurdo, lo sé. El 20 es el día del amigo. Una estupidez, porque a los amigos los ves casi a diario o tienes contacto con ellos, para eso son amigos. No me pareció tan absurdo lo del Día del ciberamigo. El ciberamigo es una persona diferente, alguien a quien no conoces en persona, pero que conoces muchísimo. Alguien a quien ni siquiera le has visto la cara pero crees que conoces todos sus rasgos. Lo imaginas en tu mente y él te imagina a ti. Sabe lo que te gusta y lo que te disgusta, te conoce como cualquier otro amigo, pero no es como un amigo normal. No lo es porque te ha escogido y tú lo has escogido sin prejuicios de ninguna clase. Porque, la mayoría de las veces, la historia tras él es que te lo encontraste un día en un foro, un chat o en un comentario de blog y ahora no podrías imaginar tu vida en Internet sin él. La figura de un ciberamigo es muy diferente a cualquier otra que se merezca un día. El ciberamigo ofrece amistad sin esperar ninguna recompensa social.
No espera a ver de dónde eres, ni cómo eres, ni de qué clase social eres. Un ciberamigo no es tu amigo por cómo vistes, la música que te gusta o en qué trabajas. Es la esencia del entendimiento entre dos personas sin importar nada más. Es la amistad en estado puro.